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Invertimos en el mantenimiento de máquinas, ¿y en el de las personas?

 

Invertimos en el mantenimiento de la maquinaria que utilizamos en nuestro proceso productivo, pero ¿invertimos en el mantenimiento de las personas que manejan esa maquinaria? ¿Acaso las personas no necesitan de un mantenimiento adecuado para mantener su nivel de compromiso y de eficacia, para realizar el trabajo de forma óptima?

“Una empresa no puede prosperar si no tiene a sus empleados detrás”. Neville Isdell

Toda empresa tiene dos activos fundamentales, empleados y clientes, sin ellos la empresa no tiene sentido. Por tanto, si los empleados son fundamentales en el éxito de una empresa, ¿por qué no se invierte lo necesario para mantener el capital humano de la empresa en las mejores condiciones

Si no cuidamos el potencial humano de nuestra empresa, manteniéndolo en óptimas condiciones, no podremos conseguir un crecimiento sostenible de la empresa.

Si realizamos un paralelismo entre el mantenimiento de maquinaria y el que podemos aplicar a las personas, veremos los distintos tipos de mantenimiento que podemos realizar o tener en cuenta.

Correctivo.

En este caso actuamos de forma reactiva, es decir, solo actuamos cuando el empleado no se siente a gusto y manifiesta su malestar. En muchas ocasiones esta situación se vuelve irreversible, y podemos perder el potencial que tiene esa persona, bien porque abandona la empresa o bien porque cambia su actitud, decayendo su nivel su compromiso. En este caso corremos el riesgo de llegar demasiado tarde a solucionar el problema, teniendo unas consecuencias nefastas y un coste económico muy elevado.

Preventivo.

Realizamos tareas rutinarias a lo largo del tiempo para mantener el nivel de satisfacción del empleado. Podría considerarse como un ejemplo el uso de pagas extraordinarias o beneficios sociales como vales de comida, seguros médicos, planes de jubilación,…

En este caso intentamos cubrir las necesidades de satisfacción básicas, evitando así los casos de insatisfacción laboral más comunes.

Predictivo.

En esta clase de mantenimiento podemos realizar una serie de tareas para evaluar el estado de los empleados, como por ejemplo evaluaciones de desempeño, encuestas de satisfacción,…

Con estas medidas pretendemos verificar el estado de satisfacción del empleado, pudiendo así anticiparnos a una posible crisis, puesto que podemos detectarlas a tiempo.

TPM.

En este tipo de mantenimiento queremos involucrar al empleado, tanto en el diseño como en la realización de las tareas que van a ayudar a mantener su estado de satisfacción y de compromiso en unos niveles óptimos. 

Nuestra intención es que el empleado sienta que es una parte muy importante dentro de la empresa  y, por tanto, le invitamos a aportar sus ideas. Podemos utilizar buzones de sugerencias, grupos de trabajo, etc, para que el empleado pueda exponer su opinión y ofrecer propuestas.

Proactivo.

Nuestra intención es evitar situaciones recurrentes de crisis laboral, por tanto pretendemos atajar de raíz la causa de los conflictos, es decir, si tenemos algún problema recurrente no nos basta con resolver dicho conflicto, sino que buscamos poner remedio a la causa de ese problema recurrente, evitando de esa forma que pueda volver a suceder dicho conflicto.

RCM.

Con este tipo de mantenimiento pretendemos adecuar el mantenimiento para cada empleado. Es indudable que no a todas las personas les motivan las mismas cosas, por lo que realizaremos un estudio entre nuestros empleados, a fin de obtener las mejores medidas para mantener su estado de satisfacción.

 

¿Es necesario invertir y realizar tareas de mantenimiento en los empleados de nuestra empresa? Según mi punto de vista si, sin duda, sobre todo si lo que pretendemos es ser competitivos y disponer de una plantilla motivada, satisfecha y comprometida, posibilitando así el crecimiento sostenible de la empresa.

 

Ahora es tu turno,

  • ¿Estás de acuerdo con esta clasificación? ¿Tienes alguna sugerencia?
  • ¿Consideras que en tu empresa se realiza un mantenimiento adecuado a los empleados?
  • ¿Crees que se podría tomar alguna medida para mantener o mejorar el nivel de satisfacción de los empleados? ¿Cuáles?

Te invito a compartir tus sugerencias en los comentarios.

 
Angel Partida
Ingeniero Técnico Industrial
Fundador de “Mantenimiento & Mentoring Industrial”

 

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La motivación comienza en uno mismo

 

Hace unos días estuvimos impartiendo un curso de motivación en una empresa, el título del curso es “La motivación comienza en uno mismo”. En el curso hablamos de la importancia de la motivación a la hora de realizar nuestro trabajo y de la incidencia que tenemos nosotros en la motivación.

En muchas ocasiones nos encontramos con gente que dice “necesito motivación”, no obstante, de nada sirve tener una motivación externa si nosotros no estamos receptivos a la motivación, es decir, no es solo pedir esa motivación, sino poner también de nuestra parte, no podemos adoptar una actitud pasiva, es decir, estar esperando a que “nos motiven” sin hacer absolutamente nada para encontrar nuestra motivación. Parece que cuando hablamos de motivación, llegará alguien con una varita mágica y con un leve golpe nos motivará sin más, sin necesidad de poner nada de nuestra parte.

Pero ¿qué es la motivación? Es tener un motivo para la acción, es un estado mental que nos anima para la acción. Por tanto, al ser un estado mental, depende de nosotros, por eso es que la motivación comienza en uno mismo, va a depender de la forma en la que vemos las cosas.

La falta de motivación puede afectarnos muy seriamente, puesto que puede degenerar en estrés y puede afectarnos física, mental y emocionalmente y también puede afectar a nuestro comportamiento.

“El secreto de la felicidad no está  en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace”. Leon Tolstoi

Existen dos factores muy importantes que influyen en  la motivación, uno es el reconocimiento externo, que es aquel que obtenemos por parte de los demás y otro, más importante, es el reconocimiento interno, que es el que obtenemos de nosotros mismos y que, desgraciadamente, en demasiadas ocasiones no nos otorgamos. Existe una falta de conocimiento personal, muchas veces a la pregunta de “¿qué haces, cuál es tu trabajo?” me responden “lo de siempre”…, de acuerdo, pero, ¿y qué es lo de siempre?, lo de siempre tendrá una importancia, ¿no?. La rutina hace que no veamos la importancia de nuestro trabajo y que no le demos la valía que realmente tiene.

Por tanto, debemos por comenzar por conocernos mejor a nosotros mismos, ver cuáles son nuestros conocimientos, talentos y habilidades, nuestros logros, nuestras virtudes y defectos. También debemos analizar la importancia del trabajo que realizamos, es importante ver la parte positiva de nuestro trabajo y ver lo que podemos aportar. De esta forma analizamos nuestra aptitud, es decir, nuestra capacidad.

También debemos analizar cuál es nuestra actitud, cual es nuestra disposición para hacer las cosas. En muchas ocasiones solo vemos la parte negativa, nos centramos en la queja, pero con la queja no solucionamos nada. Si no tenemos una actitud positiva y actuamos, difícilmente cambiarán las cosas. Y la actitud es una elección, depende de nosotros, podemos esperar a que la situación cambie o podemos actuar para intentar que cambie.

“El futuro es presente, se crea a partir de una actitud”. Alex Rovira 

Una vez realizado ese autoconocimiento personal (aptitud y actitud) y el conocimiento de nuestro trabajo (trabajo y entorno), deberemos ver qué es lo que nos motiva a nosotros, puede ser el dinero, las condiciones laborales, el aprendizaje, la posibilidad de promoción, el crecimiento personal,… Si nos fijamos en la teoría de la pirámide de Maslow, cada persona puede estar situada en un nivel diferente de dicha pirámide y por tanto tiene unas necesidades específicas diferentes que cubrir, es decir, cada persona tendrá sus propias motivaciones. Por tanto, cada persona ha de encontrar cuales son las motivaciones que le mueven.

Pasamos más de un tercio de nuestro tiempo en el trabajo, entonces ¿no es mejor ser feliz?. Depende de nosotros, si queremos ser lo más felices posible en nuestro trabajo, si queremos ser lo más felices posible con lo que hacemos, tenemos que saber quiénes somos y dónde estamos, es decir, conocernos y conocer nuestro entorno laboral. Para alcanzar esa felicidad, deberemos actuar, y para que esa acción sea efectiva deberemos comprometernos con nosotros mismos. Y tú, ¿quieres ser feliz?

“Algunos persiguen la felicidad, otros la crean”. Alex Rovira

 

Angel Partida
Ingeniero Técnico Industrial
Fundador de “Mantenimiento & Mentoring Industrial”

 

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